Trabajador de Pemex muere por COVID-19 a falta de diagnóstico

Ante la actual contingencia sanitaria por la propagación del coronavirus COVID-19, es de esperarse que todos los centros médicos se encuentren trabajando a marchas forzadas para poder dar atención tanto a los infectados por esta nueva enfermedad –que ya asciende a casi 60 mil contagios registrados—, como al resto de los pacientes que por diferentes causas requieren de atención hospitalaria.

Esto, sin embargo, no es excusa ni justificación para que se realicen malas prácticas y que sucedan actos de negligencia médica, como el ocurrido recientemente en contra de Saúl Delgadillo, trabajador de la plataforma Abkatun A de Pemex, en las aguas del Golfo de México.

Impericia médica

Un caso de negligencias reiteradas

Todo comenzó cuando Saúl fue diagnosticado con gripa a inicios de abril en las instalaciones del servicio médico de la plataforma donde laboraba y no fue sino hasta una semana después que se le permitió bajar a tierra para ser atendido en un hospital, esto luego de que se agravaran sus síntomas y se presentaran los mismos en varios otros de sus compañeros.

Una vez en el Hospital Regional de Pemex en Ciudad del Carmen, Campeche, se le hizo un análisis sanguíneo con el que se determinó que lo que tenía era sólo una influenza, aunque por segunda vez se omitió la prueba de laboratorio específica para la detección del coronavirus.

¿Qué es la impericia médica?

Sin pruebas ni protocolos ante emergencia sanitaria

Luego de ser enviado a casa en ambulancia, los malestares de Saúl no fueron aminorando con el reposo, por lo que acudió nuevamente al hospital el 20 de abril, en donde los médicos le aseguraron que su tórax y pulmones se encontraban bien y sólo le recetaron medicamentos.

No obstante, al seguir notando que su salud no mejoraba y ante la sospecha de que su enfermedad era algo más, decidió buscar ayuda particular dos días después y realizarse el examen para identificar si lo que tenía era COVID-19, cuyos resultados llegaron demasiado tarde.

El día 23 de abril Saúl presentó un cuadro de insuficiencia respiratoria y fue trasladado por cuerpos de emergencia al hospital, en donde falleció a las pocas horas y se le hizo un acta de defunción en donde se marcaba como causa de muerte una “neumonía aguda grave por COVID-19”.

Con sólo 45 años, Saúl Delgadillo ha sido víctima de negligencia por retraso en el diagnóstico y desatención médica al no haber sido considerado como paciente prioritario debido a que padecía diabetes e hipertensión, dos enfermedades preexistentes que, según cifras oficiales, pertenecen al grupo de las principales comorbilidades del coronavirus.

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